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En el año de 1984 ocurrió un crimen en plenas carnestolendas de Barranquilla que estremeció a la soiciedad de la capital del Atlántico precisamente un lunes de Carnaval.

Tres mujeres de una misma familia: Lucía Chedrauí de Kaled, de 74 años, Nina Kaled Chedrauí (50) y Lucía Fernanda Kaled García (16), fueron asesinadas dentro de su vivienda ubicada en la carrera 44 con calle 75B, barrio El Porvenir.

Esto sucedió un 5 de marzo mientras la mayoría de los barranquilleros se hallaban disfrutando de un día de Carnaval en las calles, estaderos y sitios emblemáticos de la ciudad.

Los hechos

Las tres mujeres se hallaban en su vivienda. A ese lugar llegó Miguel Socarrás, un estudiante de medicina de la Universidad del Norte que era muy amigo de Nina.

El joven tenía 24 años de edad, contextura delgada, tez blanca, de 1,84 metros de estatura, cabellos negros engajados, cara huesuda, narigón y cuello largo.

Era un excelente estudiante y había sido contratado por Nina, madre de Lucía, para que le dictara clases a su hija. Se había ganado la confianza de la familia e inclusive ella le colaboraba a Socarrás para pagar sus estudios.

Esa noche a eso de las 10 pm primero había salido Socarrás de esa casa en compañía de José Kaled, hermano de Nina y padre de Lucía.

Minutos más tarde Socarrás regresó para acompañar a Nina a ver televisión. Estaba por ocurrir uyna verdadera tragedia para la familia.

Socarrás quien aparentemente estaba en estado exaltación por el uso de algunas sustancias psicoactivas agarró una tranca con al que se cerraba la puerta del patio y sin mediar palabra golpeó fuertemente en la cabeza a Nina.

Eran las 3:30 de la madrugada cuando esto sucedió.

Acto seguido habría ido hasta el cuarto a donde dormía Lucía Chedrauí de Kaled. L adespertó sigilosamente diciéndole que tenía sed y que le diera un vaso de agua. La mujer fue hasta la cocina y allí sucedió lo mismo. Con la misma tranca, Socarrás la golpeó hasta matarla.

Por último, tres horas más tarde Socarrás se acercó a la cama de Luisa Fernanda para recordarle que a eso de las 7:30 vendrían a recogerla.

Ella se levantó y el asesino tomó una cuerda de la cortina de la ventana de la sala con la cual pretendía estrangularla. Inocente de la situación, la joven mujer se dirigió a la sala principal y se encontró con la horrible escena. Al gritar, Torres Socarrás consiguió cruzarle la cuerda alrededor del cuello y ahorcarla. Cuando le colocó la mano derecha en la boca para que dejara de gritar, esta logró morderlo y arañarlo con tanta fuerza que este cedió soltarla. Lucía Fernanda pudo correr hacia la puerta de la calle que se encontraba cerrada, pero antes que llegara este recogió del suelo un pedazo de tranca con que había asesinado a doña Lucía para propinarle el primer golpe mortal,

Entre el primer crimen y el tercero habrían transcurrido alrededor de seis horas.

El hijo de una de las víctimas, José Kaled, arribó temprano hacia las 8 de la mañana a la casa de su mamá para recoger a su hija Lucía Fernanda, quien debía reunirse con unas compañeras del colegio para hacer una tarea. Al no contestar ninguna a su llamado fuera de la casa rompió una ventana y se encontró con los cuerpos tendidos en el piso de las 3 mujeres. El joven quedó estupefacto y corrió hacia la calle a gritar y pedir ayuda. Pasados 10 minutos llegó la Policía al sitio.
De inmediato las autoridades locales pusierona disposición varios números telefónicos, donde se podía recibir información que permitiera aclarar los hechos y dar con el paradero de los autores del crimen. Las primeras llamadas se recibieron el martes de Carnaval y una de ellas coincidió con un detalle revelado por José Kaled, durante el funeral.
«Es extraño que no haya venido al entierro ni a la misa y que ni siquiera nos haya llamado, con todo lo que quería a Nina», dijo el padre. Se trataba de Miguel Ángel Torres Socarrás, estudiante de Medicina de la U, del Norte, de 24 años que cursaba octavo semestre y gran amigo de Nina y apreciado de Lucía. De acuerdo con el informe de las autoridades, a esa hora Torres Socarrás estaba en Medellín, después de haber pasado por la ciudad de Cartagena, donde un amigo le prestó plata para viajar. Al final, terminó en Bogotá, llamando a su madre para que un amigo y la Policía escucharan su versión.
Dos hombres que hacían parte de la comunidad LGTBI, vecinos de las Kaled, hasta ese momento eran los sospechosos del crimen, pero la confesión que hizo el joven a la Policía esclareció lo ocurrido. Era adicto a las drogas las cuales había comenzado a consumir desde 1983. Su papá lo abandonó cuando era tan solo un niño. El mayor Uriel Salazar, jefe del F-2 del Atlántico, lo interrogó con otros agentes.
Luego siguió con la misma tranca a sus otras dos víctimas y les propinó fuertes golpes que las dejaron tendidas en el suelo

Por este crimen, Socarrás pagó 12 años de cárcel por buen comportameinto y estudios.

Otras dos versiones

En su momento se dijo que temprano en la mañana de ese día una carro de alta gama en donde habría estado Socarrás con otros sujetos llegóa la casa de las Kaled. Supuestamente iban a entregar un paquete a Nina para que se lo guardara, el cual recogerían en las horas de la tarde. Cumplido el horario, los hombres regresaron en la misma camioneta a retirarlo, llevándose la gran sorpresa que quien se los había guardado les dijo que su contenido lo había vaciado por el bacinete del inodoro. Una gran discusión se armó, por la que terminaron encerrándose en la vivienda con las para no llamar la atención de los vecinos y curiosos.

Los hombres revisaron la casa por completo buscando el paquete, donde presuntamente venían prensados varios gramos del alcaloide, y nunca lo encontraron ni tampoco su envoltura.

Otra versión de los hechs indicaría que el joven universitario no particpó solo en este triple crimne. Se dice que recibió fuertes amenazas y una gruesa suma de dinero para no delatar a sus coautores y al sentirse presionado e intimidado decide declararse culpable de la muerte de las tres mujeres. Especulaciones que rondaron como fantasmas el crimen de las Kaled, las cuales nunca se evidenciaron y salieron a relucir en el proceso, en el que terminó condenado únicamente el joven universitario.

Hasta el día de hoy, el caso es tema de charlas entre muchos barranquilleros que no quedaron satisfechos con la resolución del caso. Algunos especulan de que a Torres Socarrás le pagaron para declararse culpable y que el autor intelectual nunca fue evidenciado.

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